La pollera de Verónica y el cortometraje Cocinero
la pollera de verónica.
mirando a verónica recostada en un sillón como una puerca todo el día. me acerque y le dije: -no hace falta con saberse un todo, a veces sobra con lo mínimo- la tome de la cabeza y le reconstruir la cara de adolescente en desgracia a puro puñetazo, liftn natural pensaba, mientras el puño derecho de mi mano no paraba de atar la distancia con una baba de sangre que elásticamente se agrandaba y achicaba por la fuerza del golpe. tuve espanto cuando en el piso, tirada, la pobre, lloraba enrojecida. tenia rabia. le dije -vos tenes rabia-. intentó recuperarse, puso una mano aquí, la otra mano allá, pero fue inútil. mi pierna dio un golpe fino, sutil como saquito de té sobre el brazo indefenso de verónica que intentaba extenderse, formando un puente entre su cuerpo y el suelo. al piso toda su gracia grasa. me sale automáticamente, ahora esta ahí en sangre viva y suspira. me transpira toda la gordita. tiene puesto ese vestido celeste que parece una bandera, una propaganda de la serenísima, una bolsa llena de pescados que se salen por los costados. siempre me gustó el olor de los pescados, y ellos en el sentido corporal de las cosas, también, siempre nadando pese al molesto movimiento del mar. hay que decirlo: el mar apesta. el laburo apesta, todo el día trabajando y ella nada como si la cocina de la casa fuera una pecera y el televisor su porción de agua. me pasa que no puedo dejar de pensarme y por eso me sale todo para la mierda. ahora ella se escapa e intenta agarrar un cuchillo, cualquier cosa filosa, yo la conozco. el puntín de mi zapato se acuerda de su trinchera de fútbol, cuando las cosas se ponían complicadas y beto pedía la pelota desesperado, y sólo para cagarnos a trompadas, la tiraba a la mierda. gool en los ojos. vero queda con la cara detenida en el tiempo, un segundo afuera de orbita, sacudiendo de una patada toda la nariz, ahora sí, lifth natural y a cobrar. calló redonda al piso. quise ponerle una pequeña zanahoria, una presa fácil, hacerle picar el gusano, y al bajarme el cierre del jeans, mostrarle toda mi sabiduría. ella ya no. ya no podía. dormida le bese los copos de sangre. tengo miedo. se lo dije al otro día de la paliza. tengo miedo que mañana se vaya y deje tirado todo el entrenamiento, la guacha tiene alma de jugador de fútbol, entonces llegan los clubes europeos y se la llevan, sólo para patearle la cara. no quiero gordita que un día te vayas y después te des cuenta que nadie te quiere como yo. no le importó. a los dos días se fue a la casa de su amiga. ahora viven solitarias, la gorda tirada, todo el día en el sillón, mirando la tele, la amiga le cambia los canales.
