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La Coctelera

LA CHOZA

8 Noviembre 2006

OJO

Ella levantó la esquina para quitarle las alas a los murciélagos.Él mordió el cielo en un gesto de subversión.Los dos creían en lo tenebroso del empacho. Ambos conocían el
corazón de cristo dentro de las minúsculas.
Jugaban a rascarse el paraíso perdido entre los dientes.Como en todos los cuentos, igual que en los sentidoshay uno perverso, un dedal, un ojo donde se abanica el mal:

Olivar y calles de gérmenes, ahí se ubica nuestra historia. El olor, mmm... ¿cómo explicarlo? lo que hoy seria el olor a diva tísica, a Esculapio en la sala.
Él (vamos a darle vida) Gonzaga, que nada tenia que ver con el gran poeta del género amatorio portugués; si sabía el idioma, era sólo por su adicción a las tetas de la madre.
Gonzaga se reía como todos, pero su colmillo, única herencia del padre (aparte del bisturí con el cual operaba sus callos) causaba comezón. Gonzaga hablaba, pero lo necesario para pedir un café, o en sus noches de velatorios, leche fría.
Ella, la que levantó la esquina (no le pondremos nombre. Pero les juro, les juro por sus huesos presentes, que no es un brócoli) caminaba derecha siempre salvo cuando las esquinas, sin mas remedio, la obligaban a doblar. Por alguna estúpida razón creía en todo, menos en los ombligos (lo que no le valió ni un reclamo por parte de Gonzaga)Aun recuerda cuando su madre en su noche 1.500, le regalo aquel perfume de la bondad, arrebatado a un joven Vietnamita, mientras las bombas caían.
Ella era tan pura, tan adorable! Consolaba a las hormigas cuando los muchachos de su barrio le arrancaban las patitas de atrás.
Fue ese amor el que los unió, el amor a las piernas ortopédicas, a la falta.
Sería interesante hacer un racconto de las vicisitudes de la familia. Pero me niego a la perfumería narrativa. En mí un suicidio profundo si la trivialidad germina en este relato.
La carnevida con su esposa se volvió oscura... ¿gris, tal vez?
El océano afónico rugió una mañana chueca de domingo. Bajo un pasteurizado cielo, Gonzaga petrificado vio el florero colgado en la pared. El florero sin oreja atino un golpe en su ojo. Y pensar que solo era una sucia y amarillenta lamina.

Coloreado y dolorido Gonzaga pintó un cuadro.
¡Maldito vos!- Se escuchó el grito de ella en una sala desierta- Ahora te la pasas copulando anda a saber con qué acuarela, y lo peor de todo con qué marca! Con qué marca, eh!?- preguntó furiosa.

Mudo Gonzaga.

Los días no pasaron (luego chequeé esta información)

Ella, por primera vez en su fábula, sintió sin clima su cuerpo, ya no habría más lluvias de enero para su intestino delgado, ni tampoco aquel goce por la nieve que tanto le hacia falta a su muela cariada.

Como chancho (y digo como, porque ya sabemos que Gonzaga no lo era)
repito, como chancho se perfumaba de un azul azufre tan nítido, tan blasfemo, que las antorchas del pueblo se comenzaron a prender solas.
Pobre ella, tan hermosa. Contemplado Gonzaga en su acto pintoresco, ella sufrió un calambre en su pupila izquierda.

Él, ahora, en ausencia de ella, lo clítoriza todo, todo.
Ella, ahora, juega a ser ciega adentro de los espejos.
Ellos culparon las pérdidas de las perdices, a los oculistas.

Como en todos los cuentos, igual que en los sentidos
hay uno perverso, un dedal, un ojo donde se abanica el mal:

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mo24590

mo24590 dijo

Y como cada Noche las voces se Columpiaron.

8 Noviembre 2006 | 10:42 PM

July

July dijo

Excelente cada una de tus PE queñas grandes Cosas excelente

3 Enero 2007 | 08:43 PM

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Saenz Peña Buenos Aires, Argentina
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En Santos Lugares, Pcia Bs As, antés tenia una choza con unos amigos, ahora hay ahí una empresa privada.

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