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La Coctelera

LA CHOZA

23 Diciembre 2006


¿Qué te pareció Casas, Chavez, Cucurto? La triple C

La cita era a las 21, comenzó alrededor de las 22. La impuntualidad no fue un problema, la verdad es que por ahora el tiempo no me preocupa, estoy acostumbrado a la espera, me lo fue enseñando un poeta amigo, Alejandro Berón Díaz. Washington Cucurto no fue, aquel que supo como sacarse de encima el mote de “autorcito del ambiente”, no fue. No sé por qué, a lo mejor porque su otro compañero de lectura tampoco se aproximo al encuentro. Hablo del venezolano Chavez, que me lo han recomendado algunas veces pero que nunca he tenido la suerte de leer. La cuestión es que ninguno de los dos se hizo presente, ni Cucu, ni Chavez. Sí Fabián Casas, sí Mairal. Pedro Mairal es el autor de la novela, Una noche con Sabrina Love, o mejor dicho, por ese boom editorial, por ese premio Clarín se lo puede reconocer de inmediato, a pesar de su posterior novela y sus libros de poemas. Por su parte, Fabián Casas es sin duda, por decirlo de alguna manera, el único poeta que a través de sus escritos a sabido ganarse un lugar en los lectores, no por marketing o publicidad sino por pura claridad a la hora de leerse, leer a su medio y derramarlo en un papel, en definitiva por excelente poeta. Daban ganas de quedarse sentado, junto a la cerveza, en el cómodo comedor del Pasaje Argaranaz 22. Así lo hice.

“La entrada es gratis…la salida vemos…”

Casas leyó primero, leía como una locomotor a atravesando las palabras, una tras otra. Según el autor “los textos eran cincomesinos, le faltaban los órganos vitales y las extremidades”. La lectura no fue buena, o por lo menos no estuvieron a la altura de la escritura del poeta. Pero es verdad, Casas ha dicho algo así como “a los escritores no hay que conocerlos, sino leerlos”. A lo mejor, lo criticable, fue su poca gana, su conciente o inconsciente deseo de atravesar los textos como un siete clásico, esos que van por la punta y tiran el centro, un centrofoball hablando claro, esa rapidez que al oyente- espectador, o mejor dicho a mí me daba la sensación de aquel que no quiere estar ahí. Luego, llegó el turno de Mairal. Sus dos relatos sobre las aventuras con sus nuevos amigos, Fabián Casas y el ausente Cucurto. Los relatos tenían ese aire de exploración, de iniciación, no de iniciación sexual como el chico de Sabrina Love, sino de iniciación en la intimidad de los dos escritores (Casas y Cucurto) y en el corazón de Constitución. El narrador describía todo desde su óptica “concheta” (así lo dejó en claro en su segundo cuento) Mostrando, a cada rato, esa mezcla de preocupaciones que a los tres (Casas, Cucurto y Mairal) los conmueve o convoca: mujeres, problemas filosóficos y/o políticos, marginalidad. Pero los textos de Mairal no dejaban de ser enunciados, tanto los conceptos filosóficos desparramados como los personajes que se le aparecían eran nombrados como un listado de cosas, pero de cosas vacías sin sostén, cosas que pendían de un hilo, como comentarios de peluqueras literarias y no con el poder de lo intimo, no con ese desglose mortuorio de la vida cotidiana sino más bien como un retrato televisivo. Para el final se reservo sus saludos y cariños para aquellos compañeros de Blogg. Antes de comenzar, una amiga me advirtió - es una lectura así no más, nada programado- . Además la entrada es gratis, pensé, me pensé. Al llegar a mi casa, tirada en el sillón, mi mujer, o para ser más exacto la mujer que me acompaña, me preguntó: ¿Qué tal estuvo? Me quede callado y escribí esto:

¿Para quién canto yo entonces?

Cuánto se puede escribir bajo el agua
Si hasta aquellos que la palabra le es dada
prefieren lamerse las heridas,
y no por perros que se chupan para sanarse
sino
por gatos que se lamen para embellecerse

(Embellecerse: la lengua como una escoba de paja
que guarda la mugre bajo el sofá del living)

Es qué tan poco dura un verso
que ni bien terminado, la baba de sangre del buen poeta
enchastra la hoja y la guarda en el escritorio
para usarla como perchero
de alguna nueva marca de moda.

Si algunos sangran en la oscuridad

¿Por qué otros pueden cortarse las uñas frente al público
sin pudor alguno?

Aplausos

Aplausos

Pareciera, mi amor, que todo lo que se pudre
se edita.

Luego de escribir, me acerqué a ella y le dije:

A lo mejor la culpa es mia ... le puse mucha espectativa
pero es que hay tan poco. tan poco.

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